06/11/2019

No soy partidario de pastillas (una vez más)

Tú puedes con ello…

Ya hace tiempo decíamos que esa especie de run-run era cada vez más frecuente. La cuestión de las “pastillas”, los psicofármacos, tiene mucha gente “natural” en contra. No son partidarios de la cosa química, ya que luego no se puede dejar, te enganchas, etc. Esto de ser partidario o no tiene su gracia (¿partidario o enemigo de un tratamiento, de algo diseñado y recomendado para mejorar nuestra salud?). En ocasiones llaman la atención las importantes bases en que se asienta la postura “anti-pastillas”: alguna experiencia cercana (“una tía mía estaba atiborrada”), comentarios de calle y alguna búsqueda por Google (por supuesto para quedarnos con la información que confirma lo que ya pensamos).  No crean que los no partidarios son gente de poca cultura o cosas así. En poco tiempo hemos visto médicos y farmacéuticos no partidarios de pastillas, en concreto de un simple ansiolítico recomendado, prescrito y supervisado por un especialista. Médicos que temen a un ansiolítico (pongamos por caso 0,5 mg de Lorazepam) y, sin embargo, no tienen inconveniente en prescribir anticonceptivos a mocitas desnutridas para que “les venga la regla”. O el farmacéutico que no es partidario de lo que expende cada día en su oficina y habla de las bondades del producto a la clientela del barrio (“eso sí, no se olvide de la receta”). Por otro lado, muchos no partidarios de las pastillas, son bastante amigos del gin-tonic, la cerveza o el Ibuprofeno por poner algunos ejemplos. El problema, como decíamos hace tiempo, son las “pastillas para los nervios”, eso sí que engancha. En muchas ocasiones, la mayoría, eso de “no soy partidario” no admite debate racional alguno. Es como ser del Sevilla o del Betis, del Madrid o del Barcelona. Si no se es partidario, no se es partidario. Punto. Eso sí, piden cita para acudir a decir que no son partidarios. Algunos anteponiendo la frase “no se vaya usted a molestar”, para acabar con un “pero no soy partidario de pastillas.” Hay diabéticos que no son partidarios de la insulina y personas con apendicitis que tal vez no son partidarios de la cirugía. Puede ser. En todo caso cada cuál puede ser partidario de lo que sea, incluso de mantener su sintomatología de cita en cita, de profesional en profesional. Recientemente asistimos al fenómeno que también ocurre con el fútbol: puede ocurrir que en una casa ella sea del Madrid y él del Barcelona (o viceversa). Pues bien, ya conocemos casos de adolescentes con ansiedad a raudales (y no controlada por otros medios “más naturales” ni con la “voluntad”) que se encuentran con una madre más “partidaria” (“lo importante es que la niña se ponga bien”) y un padre “menos partidario o ultra anti-pastillas” (“la niña puede con esto y más”; le falta decir que ¡para eso soy yo su padre!). En estas situaciones la niña ya tiene dos cosas: ansiedad y conflicto, sabe que si toma la pastilla uno no está conforme y sabe que si no la toma es la otra la que queda preocupada. La verdad, es para hacer una reflexión: ¿y la confianza en el médico?, ¿en la medicina?, ¿piensan los anti-pastillas en el mayor beneficio de los hijos?, ¿qué creen que es el mayor beneficio?, ¿evitarán tomar algo cuando lo precisen para dar ejemplo a la hija a la que le niegan la “pastilla”? Que cada uno responda lo que quiera y, sobre todo, allá cada cual con su paternidad. Más tontos no caben desde hace tiempo. 

 
© Instituto de Ciencias de la Conducta Dr. Jáuregui S.C.P.

Última actualización: 06/09/2019