29/08/2019

¡Carril peatón ya!

Más vale prevenir que curar...

Qué maravillosos recursos al servicio de la ciudadanía (bonito vocablo que encierra aspectos relacionados con la masa social) cabe disfrutar en nuestras calles, más en verano. Da gusto ver a muchachos en camiseta sobaquera y pelambre al viento en eso que se ha dado en llamar monopatines. Ellas también, igualdad, con sobaquera y pelambre. Son habilidosos (ellas igual) y te sortean en un pispas por cualquier acera. Tras la emoción de la fugaz pasada, se te acerca la bicicleta (también se ha metido por la acera, ¡qué coño!, también está en su derecho, el suyo), temes por tu integridad, pero no, de nuevo grandes habilidades psicomotoras, aire ecológico y vestuario de progre intenso superan la prueba con éxito. Puedes seguir caminando. Es entonces cuando se cruzan ( es la cosa del sentido distinto de la marcha) dos carritos con cuatro bebés y sus mamás (también papás, ellos igual). Claro, son carritos-container, amplios, espaciosos, con muchos gadgets para colgar abalorios y recursos hidratantes y nutricionales. Con ligeras maniobras, pasan y pasas. Llevas un buen día y un magnífico paseo. De repente ves un perrito, con la cosa del calor y el agobio te ha parecido que anda solito, apenado, abandonado en verano. Pero no, estás de suerte. Detectas una finísima correa que al seguir su trayectoria te lleva a topar, a unos 10 metros, con la dueña (o dueño, ellos igual). Digamos que, como en equitación, le ha dado cuerda al cuadrúpedo. Trata de acortarle su espacio de libertad y entonces el perro se va al otro lado de la acera, correa atravesada, te toca jugar a saltar la correa o caer de bruces. Estás ya algo molesto (no mucho porque mola la hiper-tolerancia y a ti te gusta molar), decides sentarte en una terracita y tomar un cortado (o cerveza, ella igual), Respiras, te dejas caer en la silla, no tienes prisa por volver al frente. Otra vez súbitamente, percibes un olorcillo. Miras a un lado y otro, allí está, en la mesa más próxima. Papá pintaprogre cambia el pañal a nene que se ha hecho caquita. La mesa de operaciones es la mesa de la terraza, apartamos la vajilla y nene a la mesa. La caquita del nene, la mejor para papá (¿has visto qué bien, Chelo?), para el resto de ciudadanos consumidores (ellas igual) esa caquita huele a mierda, tal cual. Me voy apenado, no debería molestarme por estas cosas, debo lograr ser hiper-mega-ultra tolerante. Lo intentaré. Y si no creen que esto pueda pasar en una tarde, exploren, salgan y observen (y huelan). 

 
© Instituto de Ciencias de la Conducta Dr. Jáuregui S.C.P.

Última actualización: 06/09/2019