19/05/2016

Lo que usted diga doctor

Digamos, como tanto gusta decir ahora, que las cosas son diferentes

Algo así vino a decir Paquirri cuando le hablaba al cirujano tras la mortal cornada de Pozoblanco. En 1997 unos padres me dijeron exactamente lo mismo. Estábamos hablando de su hija, enferma de anorexia nerviosa. Recientemente había sido dada de alta en el Hospital Niño Jesús de Madrid y la posibilidad de hacer su seguimiento en Sevilla les hizo venir a consulta ya que residían en la provincia de Huelva. Sevilla resultaba más cómodo para una consulta semanal y probables ingresos futuros a la vista de la evolución. Partimos de una serie de pautas de modificación conductual que, indudablemente, producían “limitaciones” tanto en la vida de la paciente como en la de sus padres, obligados cuidadores de su hija. Había que rehacer “costumbres” y adaptarse a una “nueva vida”. Llanto y desesperación de la paciente, silencio de los padres durante unos segundos. Al fin hablaron dirigiéndose a su hija: “se hará lo que diga el doctor”. Luego hacia mi: “díganos que hay que hacer y usted, doctor, no se preocupe”, “sólo tenemos que saber qué hacer y se hará lo que haga falta”. Durante al menos tres interminables años no faltaron un día a consulta. Buen tiempo, mal tiempo, alguna gripe, la otra hija, etc., no fueron factores que les hiciera romper la continuidad del tratamiento ni de los cuidados de su hija. Han pasado muchos años, la hijo salió adelante, la hermana ha hecho su vida y ellos, los padres, ya como pareja viven la suya con la felicidad que los tiempos que corren permite a cualquiera. Tuvieron fe y no dudaron. Supieron anteponer la salud de su hija a todas las limitaciones. Y salieron (todos) adelante.

            Actualmente las cosas son muy distintas. El tratamiento, en muchos casos, es la “actividad” a realizar si queda tiempo después de llevar a cabo el resto de actividades. Reuniones, exámenes, cumpleaños, lluvia, carretera, calor, bodas, despedidas de soltero y, no digamos, una gripe, son elementos que fácil y asiduamente suponen la ausencia de las consultas. Tampoco la colaboración es la que era. Han cambiado las cosas al hilo de los cambios sociales. El “usted nos ayuda a curarla” se ha transformado en “usted nos la cura”. El “haremos lo que haga falta” se ha transformado en un “eso es muy complicado, no va a ser posible”. Y por su puesto podemos faltar a consulta pero la niña no puede faltar a inglés o flauta.

            Ni mejor ni peor para no hacer juicios de valor. Digamos, como tanto gusta decir ahora, que las cosas son diferentes. Probablemente los resultados también acaben siendo diferentes. 

 

 
© Instituto de Ciencias de la Conducta Dr. Jáuregui S.C.P.

Última actualización: 05/12/2018