10/12/2015

Delgadez, dieta sana, ejercicio: tres conceptos pervertidos

De la salud a la locura por estar sanos

En una sociedad polarizada (izquierda-derecha, público-privado, Betis-Sevilla, etc.) no es de extrañar que en conceptos que atañen a la salud también vayamos de polo a polo en una suerte de ciclotimia social cada vez más lejos del equilibrio racional y emocional. La delgadez, como idea y a la vista de los perjuicios del sobrepeso y la obesidad, podría ser algo deseable, sin más. Comer de forma sana, a la vista de los excesos y advertencias acerca de la relación dieta-salud, tampoco sería susceptible de objeción alguna. Y en cuando a la práctica de ejercicio físico, nada que comentar salvo que es algo que toda persona debería tener incorporado a su vida cotidiana en la medida de sus posibilidades. No son estas cuestiones pues las que supongan un motivo de preocupación. Pero la cosa no es tan simple. Cuando la delgadez deja de ser un estado deseable y pasa a convertirse en obsesión, en un fin en si mismo, en algo que se resume en un “cuanto más delgado mejor”, la cosa empieza a marchar mal. Cuando comer de forma sana pasa a ser una neurosis expresada en restricciones y privaciones, en clasificaciones de alimentos en buenos y malos (según no engorden o sí lo hagan), la cosa va mal también. Y cuando hacer ejercicio pasa a ser una locura de tiempos, marcas, horas de dedicación, etc., tampoco las cosas van por buen camino.  La perversión de estos conceptos llega a su máxima expresión cuando la obsesión por adelgazar se acompaña de una dieta “super sana” y de un ejercicio extenuante y acaparador de tiempo y vida. Naturalmente no pueden pervertirse conceptos acerca de la salud sin que ello pase factura, física y psicológica. El deterioro que empieza a observarse en los “locos del ejercicio” es evidente (cardiopatías, lesiones osteoarticulares, etc.), quienes llevan su dieta a un paraíso de salud enferman de dos modos. Uno de ellos es la pérdida del gusto por comer (no sólo comemos para nutrirnos), otro el deterioro orgánico progresivo a fuerza de eliminar de la dieta esto y aquello sin saber que esto y aquello también son necesarios para la vida. En cuanto a la delgadez, no sólo la desnutrición asoma en sus vidas (más o menos solapada con siliconas y maquillajes) sino también el enloquecimiento con un cuerpo que por más que se adelgace nunca acaba gustando. Mezclen las tres ideas pervertidas y caerán en la cuenta de cuantos trastornos físicos y mentales se vienen produciendo especialmente entre la gente más joven. Sociedad polarizada, escasa conciencia crítica y negocio redondo. ¿Hemos contribuido los sanitarios a alguna de estas perversiones? 

 
© Instituto de Ciencias de la Conducta Dr. Jáuregui S.C.P.

Última actualización: 05/12/2018