15/10/2015

Las 27 pastillas

Ingirió 27 pastillas de Orfidal...

Al parecer la niña Asunta ingirió unos 27 comprimidos de Orfidal, según se nos ha aireado en todos los medios. Suena menos la noticia de que alguien asfixió a la niña, lo que finalmente la mató. Sus padres, presuntos autores, podrían haber sido la mano ejecutora, todo ello muy presuntamente como tanto gusta recalcar ahora. Sin embargo, puede que la población se quede con la idea del Orfidal asesino. Los ansiolíticos son unos buenísimos psicofármacos cuando se usan para lo que está previsto y son usados por quien puede y debe utilizarlos. Nadie dudaría ahora de las bondades de la aspirina aun sabiendo que tiene sus peligros, efectos adversos, como cualquier fármaco. La cuestión, como en todo, es el buen uso. Lo que ocurre es que los psicofármacos, en general, han adquirido mala prensa en una sociedad que rechaza el término paciente (mejor usuario), no quiere oir hablar de ciertas enfermedades (mejor problemas), es amante de lo "natural", se declara "antipastillas" y "antiquímica" y prefiere tomar unas cañas y unos chupitos el fin de semana (eso no tiene efectos adversos). Con el lío este de la pobre Asunta vuela la idea del Orfidal como algo tremendamente peligroso. Nada más lejos de la realidad. Su principio activo, el Lorazepam, constituye un arma terapéutica importante, capaz de aliviar muchos síntomas, lo que así ha venido demostrando desde hace décadas. No, no ha sido el Orfidal el problema. Como el cuchillo para cortar jamón no está pensado para cortar dedos. Y decimos: ¡Ten cuidado con el chillo, no te vayas a cortar! Es el uso adecuado, inadecuado o criminal lo que hará mejor o peor al cuhillo. Y al Orfidal. Así que si tienen síntomas de ansiedad y su medico les recomienda tomar Orfidal, no lo duden. Su médico no le está asesinando, el Orfidal tampoco. En el caso de Asunta no puede decirse lo mismo. Fuera quien fuera (o fueran) el criminal (o criminales) dejemos a Asunta y al Orfidal descansar en paz. Ni la niña ni el Orfidal son culpables de nada. Y recuerden, los chupitos que se toman alegremente tampoco son una bedición del cielo. 

 
© Instituto de Ciencias de la Conducta Dr. Jáuregui S.C.P.

Última actualización: 05/12/2018