09/07/2015

No soy partidario de pastillas

Fui a un psicólogo y no me sirvió de nada, ¡qué me van a decir que no sepa!

Esta especie de run-run es cada vez más frecuente. Comencemos por las “pastillas”. Dicen que no son partidarios de la cosa química, que luego no lo puedes dejar, que enganchan, que su madre las ha tomado toda la vida y no les gustaría verse así y perlas por el estilo.  El desconocimiento es profundo, de raíces bien crecidas. La creencia en lo malo de las “pastillas” tiene bases “sólidas”, ancladas en comentarios de calle y alguna mirada por Google.  Normalmente el no partidario de las pastillas suele ser muy partidario del gin-tonic, la cerveza o el Ibuprofeno por poner algunos ejemplos. El problema son las “pastillas para los nervios”, eso sí que engancha. El caso es que, en muchas ocasiones, ese “soy partidario” no admite debate racional alguno. Es como ser del Sevilla o del Betis, del Madrid o del Barcelona. Si se es partidario se es partidario. Punto. Eso sí, piden cita para acudir a decir que no son partidarios. Algunos anteponiendo la frase “no se vaya usted a molestar”, para acabar con un “pero no soy partidario de pastillas.” Hay diabéticos que no son partidarios de la insulina y personas con apendicitis que tal vez no son partidarios de la cirugía. En todo caso cada cuál puede ser partidario de lo que sea, incluso de mantener su sintomatología de cita en cita, de profesional en profesional.

Pero no hay problema, siempre tenemos otro recurso terapéutico: el tratamiento psicológico. Esto ya mola un poco más, aunque suele molar poco tiempo. Algunos ya lo dicen de entrada, “a mi no me sirvió para nada”. También hay quien antepone un “con todos mis respetos”, para acabar con algún comentario demoledor como “no me sirvió”, “ya sé lo que me va a decir”, “me dice qué hacer pero no me dice cómo hacerlo”, etc. Total, añade alguno, “a las dos sesiones no volví más”. Finalmente el problema, a veces, es de “química”: “no había química entre nosotros”, dicen (la verdad, nada suelen decir sobre si había o no había física). En esto del tratamiento psicológico están también los exquisitos del tiempo: ¿cuánto tiempo duran las sesiones?, suelen preguntar. No sabemos si las prefieren cortas o largas, hay “partidarios” de todo. La edad es otro factor muy relevante: ¿es muy mayor el psicólogo? Es verdad que lo del tiempo también lo sueltan “con el debido respeto”: “para ir a un psicólogo que se pasa el tiempo mirando al reloj…”. Estos son partidarios de estar “todo el tiempo que necesiten”, lo que necesiten otros pacientes no es problema, ya saben “yo comido, todos comidos”. También está el que quiere ir al psicólogo a “hablar”, a “sacar lo que llevo dentro”. En fin, son las demandas de los señores usuarios, como hoy gusta tanto llamar a los pacientes. Y por supuesto nadie considera que lo suyo sea un trastorno, menos aún una enfermedad. Ah, en general lo que tienen es “en el fondo, un problema de autoestima”.

Si no es posible la pastilla, si el psicólogo no hace nada, siempre cabe aquello de “que me quede como estoy” o, tal vez, probar con una escayola (también puede ponerse de moda como terapia “alternativa”). En todo caso, ir de médico en médico, de psicólogo en psicólogo, puede ser algo como ir de tiendas. Aunque no lo parezca, cada vez se asemejan más.

 
© Instituto de Ciencias de la Conducta Dr. Jáuregui S.C.P.

Última actualización: 05/12/2018