18/06/2015

Neurosis alimentarias

Cuando la comida ya no es sólo una necesidad y un placer

El término neurosis es obra de Cullen (médico escocés de finales del siglo XVIII) aunque se populariza y convierte en “psiconeurosis” con Freud. Para no aburrir, podría resumirse la idea diciendo que la base del problema es un elevado nivel de angustia que el sujeto trata de compensar con diferentes estrategias o mecanismos. Ocurre que estas estrategias son, en muchos casos, desadaptativas y fuente de displacer y ansiedad anticipatoria. Con más o menos gravedad, se trata de algo caracterial y que acompaña a la persona toda su vida. No es un “estar” sino un “ser”. Desde hace años el término está en desuso lo que no implica que a quienes se le aplicaba hayan dejado de existir. Existen y no son pocos. La desmedida obsesión por la alimentación de los últimos años y su acompañante “científico”, el nutricionismo, han venido a mostrar una nueva visión de estas neurosis, expresadas en torno a la alimentación. Podríamos decir que han nacido las “neurosis alimentarias”. Sobre la base de una persona ansiosa surge la confusión y el conflicto sobre el hecho de comer: comer mucho, poco, variado, mal, sano, peligroso, que engorda, que adelgaza, etc. El nivel de angustia aumenta con la incertidumbre y se busca la estrategia defensiva: libros para “aprender a comer”, visitas a profesionales de distinto pelaje, manejo compulsivo de Google, lectura reiterada de etiquetas, comparaciones, programas de cocina, etc. tratan de poner orden en una cabeza neurótica llena de grasas, lactosa, proteínas, agua a raudales, verduras, etc., eso sí, con poco orden y concierto por cuanto es tanta la información que, lejos de aclarar las ideas, acaba embotando la mente no siempre demasiado ágil. Se acaba “no sabiendo” y, en muchos casos “sabiendo pero no haciendo” y, lo peor, “creyendo saber”. En cualquier caso se apela a la falta de tiempo como el gran problema de nuestros días: para comer adecuadamente, para hacer ejercicio físico, para conciliar vida laboral y familiar, etc. En parte es cierto. Para hacer las cosas bien hace falta tiempo, algo que no siempre se tiene. Pero quienes nos dedicamos a la clínica vemos a diario que cuando se tiene tiempo el problema es similar, hay mas elementos en juego. Porque las cosas requieren tiempo y el aprendizaje también. Y eso no es cosa de un determinado horario de trabajo sino de constancia en el día a día, algo carente actualmente en una sociedad de la inmediatez que busca resultados con poco o ningún esfuerzo y que se agota fácilmente con el trabajo constante y la disciplina (para comer, para hacer ejercicio, para hacer un tratamiento, etc.). No es raro pues que, aun con todos los esfuerzos informativos, cursos, cursillos, programas más o menos esperpénticos sobre la comida, alimentación, obesidad, etc., la cosa no cambie, cambie poco e incluso, en muchos aspectos, lo haga para empeorar. Ante la falta de información, durante muchos años se clamaba por ella. Ahora tal vez convenga recordar aquello de que no siempre más fue mejor. Informar está muy bien, pero quien crea que saber implica cambiar lo tiene crudo. En el comer y en la vida en general. 

 
© Instituto de Ciencias de la Conducta Dr. Jáuregui S.C.P.

Última actualización: 05/12/2018